29 dic. 2012


David vence al gigante Goliat.



De las tropas de los filisteos salió un paladín que se llamaba Goliat. Este tenía de estatura seis codos y un palmo. Llevaba un casco en la cabeza y estaba vestido con una cota de malla. Sobre sus piernas tenía grebas y entre sus hombros llevaba una jabalina de bronce. Se detuvo y gritó al ejército de Israel: 



— ¿Para qué salís a disponer la batalla? ¿No soy yo el filisteo y vosotros los siervos de Saúl? ¡Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí! Si él puede luchar conmigo y me vence, nosotros seremos vuestros esclavos, pero si yo puedo más que él y lo venzo, vosotros seréis nuestros esclavos.



Cuando los israelitas oyeron estas palabras, se amedrentaron, mas David, un alegre muchacho, dijo a Saúl: 


Tu siervo irá y luchará contra ese filisteo. 


Tú no podrás ir contra él porque eres un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su juventud.



Tu siervo ha sido pastor de las ovejas de su padre. Cuando venía un león o un oso y tomaba alguna oveja del rebaño, yo salía tras él, lo hería y la rescataba de su boca. Si se levantaba contra mí, yo lo agarraba por la melena, lo hería y lo mataba. 

 ¡Ve, y que Dios sea contigo! 


Saúl vistió a David con su propia armadura. 

Yo no puedo andar con esto porque no estoy acostumbrado. 


David se quitó de encima la armadura. Escogió cinco piedras lisas del arroyo y las puso en la bolsa pastoril. Con su honda en la mano, se fue hacia el filisteo. 



¿Acaso soy yo un perro para que vengas contra mí con palos? 



¡Ven a mí y daré tu carne a las aves del cielo y a los animales del campo!

Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en el nombre de Dios de los Ejércitos, Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado. Dios te entregará hoy en mi mano y yo te venceré. Te cortaré la cabeza. 


David metió su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra quedó clavada en su frente y este cayó de bruces en la tierra.

 Así venció David al filisteo con una honda y una piedra, y lo mató sin tener espada en su mano. Luego David corrió, se puso sobre el filisteo y, tomando la espada de este, le cortó la cabeza.

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